Statement of the Bishop regarding the report of the Pennsylvania Grand Jury

 

Dear Sisters and Brothers in the Lord,

Most recently we have again been shocked, distressed and disheartened about the matter of clerical sexual abuse of minors. The situation which led to the resignation of former Cardinal Theodore McCarrick, the growing revelations of sexual abuse in other parts of the world and the distressing release of the Pennsylvania Grand Jury clerical sexual abuse report have almost simultaneously made evident the very sinful side of the Church through those who have failed a life of service to the Gospel by an abuse of office, authority and trust. The matter has raised many questions which need to be answered. It has also caused intense pain and justified anger like that of the Lord who overturned the tables of the money changers in the temple and cast them out. However, anger which fuels itself on anything less than a true passion for conversion only further destroys.

Many of us in the Diocese of Palm Beach feel the pain, mistrust and anger at this time especially in view of our own difficult history. However, I wish to assure the faithful of our Diocese that we ardently continue our commitment to the protection of our young and vulnerable members as a priority of priorities. We have been in full compliance with the Charter for the Protection of Children and Young People since its promulgation by the United States Conference of Catholic Bishops in 2002. Every effort, vigilance and expense will continue to be utilized in every parish, school and level of our diocesan life in this regard. We continue to urge anyone who has experienced abuse by clergy or any church personnel to report this to us and to the police no matter how long ago it may have occurred. We are concerned about protecting the vulnerable and not ourselves. Even the Pennsylvania Grand Jury report indicated that, despite the manner in which cases of clerical sexual abuse were handled previously, since the implementation of the Charter, almost no cases have been found. That does not excuse past sins but it certainly gives us hope for the future and a perspective in dealing with anger and pain which aims at conversion.

As we face this troubling reality, we do so at that time of the year when we have just celebrated the Assumption of the Blessed Virgin Mary. She is a good one for us to turn to as she is a source of comfort as well as the model of what the Church is meant to be. Mary is the person who, through the special grace of God, lived a life without sin and she graces the sinful Church with a sinless existence that gives us hope for continued purification, growth and striving for perfection. Mary also reveals that it is holiness, not corporate success, which is the priority for the Church. Saint John Paul II was fond of referring to the teaching expressed in the Catechism of the Catholic Church that the Marian role precedes the Petrine role. Mary comes before Peter and the apostles. It was Mary who shared with the wayward and distracted apostles what she treasured in her heart. As the hierarchy struggles to continue to right the wrongs of the past and to continue to protect young people in the future, we especially need to look to Mary with prayer as the center of our ministries.

As a bishop of the Church, I offer my profound apologies to those so deeply affected by clerical sexual abuse.   I assure all of my continued efforts to protect young and vulnerable persons in accord with the Charter for the Protection of Children and Young People.  I also wish to thank our dedicated and competent staff, as well as our priests, deacons and faithful for their commitment and assistance in protecting our young people.  I realize that words are not enough and I commit my continued efforts in working with the Conference of Bishops for ongoing reform.

Let us pray for healing, for continued conversion and for an open heart to the Lord like that of Mary, Queen of the Apostles, the patroness of our Diocese.

With every prayerful wish, I am

 

                                                                        Sincerely yours in Christ,

                                                                        Most Reverend Gerald M. Barbarito
                                                                        Bishop of Palm Beach

 

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Queridas Hermanas y Hermanos en el Señor,

Recientemente nos hemos sentido conmocionados, afligidos y desanimados por el abuso sexual de menores cometido por el clero. La situación condujo a la renuncia del ex cardenal Theodore McCarrick, el crecimiento de las revelaciones de abuso sexual en otras partes del mundo y la angustiosa publicación del informe de abusos sexuales del Gran Jurado de Pensilvania, casi simultáneamente han evidenciado el lado  pecaminoso de la Iglesia a través de aquellos que han fallado en una vida de servicio al Evangelio por un abuso de autoridad y confianza. El asunto ha planteado muchas preguntas que deben ser respondidas. También ha causado un dolor intenso y un enojo justificado como el del Señor, que volcó las mesas de los cambistas en el templo y los expulsó. Sin embargo, el enojo que se alimenta de algo menos que una verdadera pasión por la conversión solo destruye aún más.         

Muchos de nosotros en la Diócesis de Palm Beach sentimos el dolor, la desconfianza y el enojo en este momento, especialmente en vista de nuestra propia historia tan difícil. Sin embargo, deseo asegurar a los fieles de nuestra Diócesis que continuamos ardientemente en nuestro compromiso con la protección de nuestros jóvenes y miembros vulnerables como una prioridad de las prioridades. Hemos cumplido plenamente con la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes desde su promulgación por la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos en 2002.  Todos los esfuerzos, la vigilancia y los gastos continuarán siendo utilizados en cada parroquia, en cada escuela y en todos los niveles de nuestra vida diocesana con respecto esto.  Continuamos instando a cualquiera que haya experimentado abusos por parte del clero o por cualquier miembro del personal de la iglesia a que nos lo denuncien a nosotros y a la policía sin importar cuánto hace que haya ocurrido. Nos preocupa proteger a los vulnerables y no a nosotros mismos. Incluso el informe del Gran Jurado de Pennsylvania indicó que, a pesar de la forma en que se manejaron los casos de abuso sexual cometidos por el clero anteriormente, desde la implementación de la Carta, casi no se han encontrado casos. Esto no excusa los pecados del pasado, pero ciertamente nos da la esperanza para el futuro y una perspectiva para lidiar con el enojo y el dolor que apunta a la conversión.

Al enfrentar esta preocupante realidad, lo hacemos en esta época del año en que acabamos de celebrar la Asunción de la Santísima Virgen María.  Ella es buena con nosotros a quien  debemos acudir, ya que ella es una fuente de consuelo, así como el modelo que la Iglesia debe ser. María es la persona que, por la gracia especial de Dios, vivió una vida sin pecado y adorna a la Iglesia pecaminosa con una existencia sin pecado que nos da la esperanza de continuar la purificación, el crecimiento y la búsqueda de la perfección. María también revela que es la santidad, no el éxito corporativo, que es la prioridad para la Iglesia.  A San Juan Pablo II le gustaba referirse a las enseñanzas expresadas en el Catecismo de la Iglesia Católica según las cuales el rol Mariano precede al papel Petrino. María viene antes que Pedro y los apóstoles. Fue María quien compartió con los apóstoles díscolos y distraídos lo que ella atesoraba en su corazón. A medida que la jerarquía lucha para continuar corrigiendo los errores del pasado y para continuar protegiendo a los jóvenes en el futuro, necesitamos especialmente mirar a María con la oración como el centro de nuestros ministerios.

Como obispo de la Iglesia, ofrezco mis más sinceras disculpas a quienes están profundamente afectados por el abuso sexual cometido por el clero.  Aseguro continuar con todos mis esfuerzos para proteger a las personas jóvenes y vulnerables de acuerdo con la Carta. Para la Protección de Niños y Jóvenes.  También deseo agradecer a nuestro dedicado y competente personal, así como a nuestros sacerdotes, diáconos y fieles por su compromiso y ayuda en la protección de nuestros jóvenes. Me doy cuenta que las palabras no son suficientes y me comprometo a continuar con todos mis esfuerzos a trabajar con la Conferencia de Obispos para la reforma en curso.

Recemos por la sanación, por la conversión continua y por un corazón abierto al Señor como el de María, Reina de los Apóstoles, patrona de nuestra Diócesis.

Con todos los deseos de oración, yo soy

 

                                                                        Sinceramente suyo en Cristo,

                                                                        Reverendísimo Gerald M. Barbarito
                                                                        Obispo de Palm Beach