In the heart of a growing and diverse city, St. Ann’s Parish stands as a living testament to the enduring presence of the Catholic faith in South Florida. Founded in 1895, it is the oldest parish in the Diocese of Palm Beach, and its history continues to unfold with remarkable vitality, unity, and hope.
My second pastoral visit, held April 14-16, offered a vivid glimpse into a parish community that is both deeply rooted and vibrantly alive. The original church building, dedicated in 1896 at the corner of Rosemary and Datura streets, still stands today as the parish office — a quiet but eloquent reminder of the generations that have worshipped and served here. The land for the current church was donated by Henry M. Flagler, linking the parish’s history to the very foundations of modern South Florida.
A major component of the strong Catholic presence which is St. Ann’s community of faith is its school. Founded in 1923 and having been serving uninterruptedly for over 100 years, St. Ann Catholic School remains the oldest and premier Catholic school in West Palm Beach. Its current principal is Ms. Susan Demes, who is retiring after years of effective, dedicated service. She will be succeeded by Ms. Ann Simone.
The visit began at St. Ann’s School with a Eucharistic celebration attended by students and faculty. What followed was a series of encounters that revealed a thriving academic and spiritual environment. Classrooms were marked by engagement and enthusiasm; faculty members demonstrated both professional excellence and deep commitment. A palpable sense of reasonable discipline, joy, and family spirit permeates the school. Particularly striking is its music program, under the direction of Mr. Chris Hogan, who along with his wife and team, has succeeded in having put together a musical experience characterized by an impressive level of artistic quality. Students were preparing to present the musical Matilda at the Kravis Center for the Performing Arts — a clear sign of the school’s commitment to holistic formation.
Parish life at St. Ann’s is equally dynamic. With more than 20 active ministries, the parish reflects a Church fully engaged in the life of its people. Prayer groups flourish in multiple languages, including Spanish and Haitian Creole, with the Spanish-speaking charismatic group alone drawing approximately 150 faithful each week. The Hispanic youth group gathers more than 70 young people regularly, a promising sign of the Church’s future. Liturgical life is enriched by choirs in Creole, Spanish, and English, each contributing to the beauty and inclusiveness of worship.
Beyond the walls of the church, St. Ann’s demonstrates a strong commitment to social outreach. Its ministries include a food pantry and active collaboration with civil authorities to support initiatives such as affordable housing and access to identification for immigrants. A bereavement ministry ensures that those who mourn are accompanied with compassion and care. In these efforts, the parish embodies the Gospel’s call to serve the most vulnerable.
At the center of this flourishing community is a dedicated pastoral team. The Rev. Jean Quesnel Delvard, pastor, together with the Rev. Marc Gustinelli (parochial vicar), and the Rev. Brendan Cosmas (priest in residence), offer tireless service to the faithful. Their leadership is complemented by permanent deacons and lay collaborators who together sustain the parish’s many ministries.
What most distinguishes St. Ann’s, however, is its remarkable multicultural character. The parish is home to three principal communities — English-speaking, Hispanic, and Haitian — each with its own identity, yet united in a shared faith. Their harmonious interaction is not accidental but the fruit of intentional pastoral leadership and a genuine spirit of fraternity. Representation of these communities on the Pastoral Council further strengthens unity and ensures that all voices contribute to the parish’s mission.
In a time when divisions often dominate the social landscape, St. Ann’s Parish offers a compelling counter-witness: a community where diversity becomes a source of strength, and where faith fosters unity. It stands as a powerful sign of the vitality and hope of the Catholic Church in South Florida.
The example of St. Ann’s challenges the broader diocesan community to embrace with renewed conviction the call to communion, evangelization, and solidarity. In this historic parish, the past is honored, the present is alive with grace, and the future is filled with promise.
Bishop Manuel welcomes comments and reflections from readers: bishopofpalmbeach@diocesepb.org.
Parroquia Santa Ana en West Palm Beach:
Un signo histórico de fe, fraternidad y esperanza.
En el corazón de una ciudad en crecimiento y diversa, la Parroquia Santa Ana se erige como un testimonio vivo de la presencia perdurable de la fe católica en el sur de Florida. Fundada en 1895, es la parroquia más antigua de la Diócesis de Palm Beach, y su historia continúa desarrollándose con una notable vitalidad, unidad y esperanza.
Mi segunda visita pastoral, realizada del 14 al 16 de abril, ofreció una vívida mirada a una comunidad parroquial que está a la vez profundamente arraigada y vibrante de vida. El edificio original de la iglesia, dedicado en 1896 en la esquina de las calles Rosemary y Datura, aún se mantiene en pie hoy como la oficina parroquial, un recordatorio silencioso pero elocuente de las generaciones que han orado y servido aquí. El terreno de la iglesia actual fue donado por Henry M. Flagler, lo que vincula la historia de la parroquia con los mismos cimientos del sur de Florida moderno.
Un componente fundamental de la sólida presencia católica que caracteriza a la comunidad de fe de Santa Ana es su escuela. Fundada en 1923 y habiendo prestado servicio de manera ininterrumpida durante más de 100 años, la escuela católica Santa Ana sigue siendo la más antigua y una de las principales escuelas católicas de West Palm Beach. Su actual directora es la Sra. Susan Demes, quien se jubila tras años de servicio eficaz y dedicado. Será sucedida por la Sra. Ann Simone.
La visita comenzó en la Escuela Santa Ana con una celebración eucarística a la que asistieron estudiantes y personal docente. Lo que siguió fue una serie de encuentros que revelaron un entorno académico y espiritual floreciente. Las aulas se distinguían por la participación y el entusiasmo; los miembros del profesorado demostraban tanto excelencia profesional como un profundo compromiso. Un palpable sentido de disciplina razonable, alegría y espíritu de familia impregna toda la escuela. Particularmente notable es su programa de música, bajo la dirección del Sr. Chris Hogan, quien, junto con su esposa y su equipo, ha logrado conformar una experiencia musical caracterizada por un impresionante nivel de calidad artística. Los estudiantes se preparaban para presentar el musical Matilda en el Kravis Center for the Performing Arts, una clara muestra del compromiso de la escuela con una formación integral.
La vida parroquial en Santa Ana es igualmente dinámica. Con más de 20 ministerios activos, la parroquia refleja una Iglesia plenamente comprometida con la vida de su gente. Los grupos de oración florecen en varios idiomas, incluidos el español y el creole, y solo el grupo carismático de habla hispana reúne aproximadamente a 150 fieles cada semana. El grupo juvenil hispano congrega regularmente a más de 70 jóvenes, una señal prometedora para el futuro de la Iglesia.
La vida litúrgica se ve enriquecida por coros en creole, español e inglés, cada uno contribuyendo a la belleza y la inclusión en la celebración del culto.
Más allá de los muros de la iglesia, Santa Ana demuestra un fuerte compromiso con la acción social. Sus ministerios incluyen una despensa de alimentos y una colaboración activa con las autoridades civiles para apoyar iniciativas como la vivienda asequible y el acceso a documentos de identificación para inmigrantes. Un ministerio de acompañamiento en el duelo garantiza que quienes están de luto reciban acompañamiento con compasión y cuidado. En estos esfuerzos, la parroquia encarna la llamada del Evangelio a servir a los más vulnerables.
En el centro de esta comunidad floreciente se encuentra un equipo pastoral dedicado. El Rev. Jean Quesnel Delvard, párroco, junto con el Rev. Marc Gustinelli, vicario parroquial, y el Rev. Brendan Cosmas, sacerdote residente, ofrecen un servicio incansable a los fieles. Su liderazgo se ve complementado por diáconos permanentes y colaboradores laicos que, en conjunto, sostienen los numerosos ministerios de la parroquia. Lo que más distingue a Santa Ana, sin embargo, es su notable carácter multicultural. La parroquia es hogar de tres comunidades principales —anglo, hispana y haitiana—, cada una con su propia identidad, pero unidas en una misma fe. Su interacción armoniosa no es accidental, sino fruto de un liderazgo pastoral intencional y de un genuino espíritu de fraternidad. La representación de estas comunidades en el Consejo Pastoral fortalece aún más la unidad y garantiza que todas las voces contribuyan a la misión parroquial.
En una época en la que las divisiones a menudo dominan el panorama social, la parroquia Santa Ana ofrece un testimonio contracorriente convincente: una comunidad en la que la diversidad se convierte en una fuente de fortaleza y en la que la fe fomenta la unidad. Se erige como un signo poderoso de la vitalidad y la esperanza de la Iglesia Católica en el sur de Florida.
El ejemplo de Santa Ana desafía a la comunidad diocesana en general a abrazar con renovada convicción la llamada a la comunión, la evangelización y la solidaridad. En esta parroquia histórica, el pasado es honrado, el presente está lleno de gracia y el futuro está lleno de promesa.
Monseñor Manuel invita a los lectores a enviar sus comentarios y reflexiones: bishopofpalmbeach@diocesepb.org.
