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Ministerio Hispano

Obispo de Palm Beach

Mensaje Del Obispo de Palm Beach

Bishop Barbarito

¿Por qué necesitamos un Ministerio Diocesano de Exorcismo?

Por Mons. Manuel de Jesús Rodríguez, JCD

Recientemente nombré a un exorcista diocesano y a un exorcista diocesano asociado para la Diócesis de Palm Beach. Ambos son sacerdotes destacados de nuestra diócesis, ya comprometidos activamente en el ministerio parroquial y escolar, y ahora han recibido esta responsabilidad especializada al servicio del pueblo de Dios.

Por el momento, he decidido mantener sus identidades reservadas. El ministerio del exorcismo nunca debe convertirse en motivo de curiosidad, publicidad o sensacionalismo. Aquellas personas que verdaderamente crean que ellas mismas o alguien a quien aman pueda necesitar esta forma particular de asistencia espiritual están invitadas a comunicarse con la Oficina del Canciller, donde serán recibidas con discreción y se les ofrecerá la atención pastoral adecuada.

Junto a estos sacerdotes, estamos estableciendo un Equipo Diocesano del Ministerio de Exorcismo, que ayudará en el cuidadoso discernimiento de los casos y, cuando sea verdaderamente necesario, en la celebración de exorcismos solemnes dentro de nuestra diócesis.

¿Por qué estamos haciendo todo esto? La respuesta más sencilla quizá sea la que nuestra cultura encuentra más incómoda: porque el demonio existe. Y no debemos tomarlo a la ligera.

La creencia en Satanás y en los ángeles caídos no es una invención medieval. Forma parte de la Sagrada Escritura y de la fe constante de la Iglesia. Jesús mismo se enfrenta a Satanás, resiste sus tentaciones y expulsa demonios. Él dice a sus discípulos: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo» (Lc 10,18).

La Escritura también presenta a San Miguel Arcángel como el gran defensor del pueblo de Dios. El libro de Daniel lo llama «el gran príncipe, que se ocupa de los hijos de tu pueblo» (Dn 12,1). La Carta de Judas presenta a Miguel enfrentándose al demonio e invocando la autoridad de Dios: «Que el Señor te reprenda» (Jds 9). Y el Apocalipsis nos ofrece la impresionante imagen de una batalla cósmica: «Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón» (Ap 12,7), identificado explícitamente como «la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás» (Ap 12,9).

Pero la Escritura nos dice inmediatamente de dónde viene la verdadera victoria: «Ellos lo vencieron por la sangre del Cordero» (Ap 12,11). San Miguel combate, pero Cristo es quien vence.

Pocos papas de la época moderna hablaron de esta realidad con tanta fuerza como San Pablo VI. En su conocida audiencia general del 15 de noviembre de 1972, enseñó que la defensa contra el mal que llamamos demonio es «una de las mayores necesidades» de la Iglesia. Describió a Satanás como «el enemigo número uno» y «el tentador por excelencia».

Sin embargo, Pablo VI también advirtió contra la tendencia a atribuir directamente al demonio todo mal, pecado o dificultad humana. La Iglesia cree en el demonio, pero no está obsesionada con él. El discernimiento y la prudencia son esenciales.

El Papa Francisco volvió con frecuencia sobre este tema. Sus enseñanzas fueron posteriormente recopiladas por la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos en el volumen Rebuking the Devil. Francisco nos advirtió claramente que el demonio es real incluso en nuestro propio siglo y que los cristianos no podemos permitirnos ser ingenuos ante esta realidad.

Sin embargo, el mensaje de Francisco no es un mensaje de miedo. La acción ordinaria de Satanás suele ser mucho menos dramática de lo que presenta la cultura popular. Él engaña, divide, desalienta y tienta. Hace que las concesiones al mal parezcan razonables y que el pecado parezca inofensivo. Sobre todo, busca separarnos de Dios.

Por eso, Rebuking the Devil dirige finalmente nuestra atención no hacia Satanás, sino hacia Jesucristo. El Papa Francisco orienta constantemente a los cristianos hacia las armas espirituales que Dios ya nos ha dado: la Palabra de Dios, los sacramentos, la adoración eucarística, la oración, el ayuno y la intercesión de la Santísima Virgen María.

También debemos invocar con confianza a San Miguel Arcángel, a quien la Escritura presenta como defensor del pueblo de Dios. Sin embargo, sus propias palabras en la Carta de Judas siguen siendo esenciales: «Que el Señor te reprenda». Nuestra confianza nunca está en nuestro propio poder espiritual. Está siempre en Dios.

Esta es también la razón por la cual la Iglesia actúa con gran cautela en lo que se refiere al exorcismo. Las dificultades psicológicas, emocionales o de conducta no deben interpretarse automáticamente como evidencia de una posesión demoníaca. Los factores médicos, psicológicos, psiquiátricos y espirituales deben ser cuidadosamente considerados y evaluados. Esta es una de las razones por las que estamos estableciendo un equipo que acompañe a nuestros exorcistas en este ministerio.

El exorcismo solemne está reservado para circunstancias excepcionales y solamente puede ser realizado por un sacerdote específicamente autorizado, de acuerdo con las normas de la Iglesia. La mayoría de las personas que atraviesan dificultades espirituales nunca necesitarán un exorcismo.

Lo que necesitan es a Cristo.

Necesitan la confesión y la Eucaristía. Necesitan la oración y la Sagrada Escritura. Necesitan la comunión de la Iglesia y una vida de gracia. Cuando sea necesario, también pueden necesitar atención médica o de salud mental competente.

San Pablo VI resumió nuestra mayor protección contra el mal en una sola frase: «La gracia es la defensa decisiva».

Ese es el enfoque católico en una sola frase. Nuestra mayor defensa contra el demonio no es la fascinación por los demonios, sino una vida unida a Jesucristo. Permanezcan cerca de la Eucaristía. Acudan regularmente a la confesión. Oren. Lean la Sagrada Escritura. Recen el rosario. Invoquen a la Santísima Virgen María y a San Miguel Arcángel. Rechacen el odio y el pecado. Practiquen la caridad. Permanezcan en la gracia de Dios.

Y no tengan miedo.

Nuestro nuevo Ministerio Diocesano de Exorcismo no ha sido establecido para proclamar el poder de Satanás. Ha sido establecido para proclamar el poder de Jesucristo sobre Satanás.

Nunca debe convertirse en un ministerio del miedo. Es un ministerio de esperanza y liberación, al servicio de quienes sufren, y debe llevarse a cabo con discreción, prudencia y oración.

Sí, el demonio existe. San Pablo VI nos advirtió que no debemos ignorar esta realidad. El Papa Francisco nos recuerda que no debemos ser ingenuos ante ella. Y la Sagrada Escritura nos muestra a San Miguel enfrentándose al dragón.

Pero la Escritura también nos dice cómo termina la batalla:

«Ellos lo vencieron gracias a la sangre del Cordero» (Ap 12,11).

Satanás existe, pero Jesucristo es el Señor. La última palabra no pertenece a Satanás ni a las tinieblas. Pertenece a Cristo crucificado y resucitado.

Por ello, invito a todos los miembros del pueblo de Dios en nuestra diócesis a promover el conocimiento de este nuevo ministerio y a recurrir a él cuando sea necesario. Juntos, confiando en el poder de la sangre de Cristo y contando con San Miguel Arcángel, que nos defiende en la batalla, podemos vencer todo mal y todas las asechanzas del maligno.

Que Dios los bendiga.

Monseñor Manuel invita a los lectores a enviar sus comentarios y reflexiones: bishopofpalmbeach@diocesepb.org.

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