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VENERABLE FÉLIX VARELA: UN SACERDOTE CUBANO QUE EVANGELIZÓ A LOS INMIGRANTES IRLANDESES EN NUEVA YORK Y MURIÓ EN FLORIDA

Por Monseñor Manuel de Jesús Rodríguez

En esta ocasión, deseo compartir con ustedes la historia de un extraordinario sacerdote misionero en los Estados Unidos: el padre Félix Varela, cuya causa de beatificación continúa avanzando. El Venerable padre Félix Varela (1788-1853) ocupa un lugar destacado en la historia de Cuba, de Florida y de la Iglesia Católica en los Estados Unidos. Sacerdote, filósofo, educador, periodista y defensor de la dignidad humana, contribuyó a forjar la vida intelectual de su patria y más tarde se convirtió en un abnegado misionero entre los inmigrantes en Nueva York. Generaciones de cubanos lo recuerdan como «el hombre que nos enseñó a pensar».

Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales nació en La Habana, Cuba, el 20 de noviembre de 1788. Estudió en el Real y Conciliar Seminario de San Carlos y San Ambrosio y en la Universidad de La Habana, donde pronto destacó por sus dones intelectuales y su sincera vocación sacerdotal.

Fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1811 por el obispo Juan José Díaz de Espada. Poco después comenzó a desempeñarse como profesor de latín, retórica, filosofía, física y ética. Fundó el primer laboratorio de física y química de Cuba e introdujo métodos pedagógicos innovadores que alentaban a los estudiantes a razonar, cuestionar y buscar la verdad, en lugar de limitarse a memorizar información.

Su influencia se extendió mucho más allá del aula. El padre Varela formó a muchos de los principales intelectuales cubanos del siglo XIX, entre ellos José Antonio Saco, Domingo del Monte y José de la Luz y Caballero. También participó en la Sociedad Económica de Amigos del País, contribuyó a fundar la primera Sociedad Filarmónica de La Habana y publicó importantes obras filosóficas.

En 1821 fue elegido para representar a Cuba en las Cortes Españolas y viajó a España para asumir sus responsabilidades como diputado. Su permanencia allí constituyó un capítulo decisivo en su vida. Defendió el gobierno constitucional, mayores derechos políticos para Cuba, la abolición de la esclavitud y reformas destinadas a proteger la libertad y la dignidad humana.

Durante la crisis constitucional española, Varela votó junto a quienes declararon al rey Fernando VII incapaz de gobernar. Cuando el absolutismo monárquico fue restaurado en 1823, los diputados que se habían opuesto al rey fueron perseguidos. El padre Varela fue condenado y obligado a huir de España, iniciando un exilio de Cuba que duraría el resto de su vida.

Al llegar a los Estados Unidos se estableció en Nueva York. Inicialmente continuó comprometido con el futuro de Cuba mediante El Habanero, un periódico publicado en Filadelfia y Nueva York entre 1824 y 1825. En sus páginas apoyó abiertamente la independencia de Cuba, sosteniendo que la libertad de la isla debía alcanzarse por la convicción y el esfuerzo del propio pueblo cubano.

Con el paso del tiempo, el padre Varela fue dejando la actividad política para dedicarse más plenamente a su vocación sacerdotal. Nueva York recibía un número cada vez mayor de inmigrantes católicos, especialmente procedentes de Irlanda. Muchos llegaban con escasos recursos materiales y se enfrentaban a la pobreza, la exclusión social y un intenso sentimiento anticatólico.

Entre estos inmigrantes, el padre Varela descubrió un nuevo campo de misión. Aunque cubano por nacimiento y cultura, llegó a ser padre espiritual de miles de católicos irlandeses. Predicó el Evangelio, celebró los sacramentos, visitó a los enfermos, instruyó en la fe a niños y adultos, atendió a familias necesitadas y ayudó a establecer iglesias y escuelas para las comunidades inmigrantes.

Su ministerio no se limitó a atender las necesidades materiales. Procuró fortalecer la fe de los católicos que vivían en una sociedad mayoritariamente protestante y defendió a la Iglesia frente a la incomprensión y la hostilidad. También publicó obras de apologética católica en inglés y utilizó la prensa como instrumento de evangelización.

La cercanía del padre Varela a los inmigrantes irlandeses reveló la universalidad de su corazón sacerdotal. Habiendo experimentado él mismo la persecución política y el exilio, comprendía el sufrimiento de quienes habían dejado su patria para comenzar una nueva vida en un país desconocido. Los acogía no como extraños, sino como hermanos y hermanas confiados a su cuidado pastoral. Su dedicación sacerdotal, su capacidad intelectual y su fama de santidad le granjearon un amplio reconocimiento. En 1839 fue nombrado vicario general de la Diócesis de Nueva York e incluso se llegó a especular que podría ser nombrado obispo. Sin embargo, aun desempeñando el cargo de vicario general de esa diócesis, permaneció, ante todo, como un humilde e incansable sacerdote de parroquia, dedicado a la evangelización, la educación y el servicio a los pobres.

Tras más de tres décadas de ministerio en los Estados Unidos, el deterioro de su salud lo llevó a San Agustín, Florida. Allí falleció el 18 de febrero de 1853, marcado por la enfermedad, la pobreza y la separación de su amada Cuba, pero sostenido por la fe que había proclamado durante toda su vida.

Sus restos descansan hoy en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. En 1981, el gobierno cubano instituyó la Orden Félix Varela, la más alta distinción cultural del país, en reconocimiento a las extraordinarias contribuciones a la cultura cubana.

La Iglesia también ha reconocido oficialmente la santidad de su vida. El 14 de marzo de 2012, el papa Benedicto XVI autorizó el decreto que reconocía las virtudes heroicas del padre Varela y lo declaró Venerable, un importante paso en su causa de canonización. Durante su visita apostólica a Cuba ese mismo mes, el Santo Padre lo presentó como un ejemplo sobresaliente de cómo una persona de fe puede contribuir a construir una sociedad más justa.

El legado del padre Varela pertenece a varias tierras. Cuba recuerda al educador y patriota que despertó la conciencia de una nación. España fue el escenario de su valiente defensa del gobierno constitucional y de la libertad humana. Nueva York recuerda al sacerdote misionero que evangelizó y acompañó a generaciones de inmigrantes irlandeses. Florida conserva la memoria del lugar donde concluyó su peregrinación terrena.

En un tiempo en que la migración, la educación, la libertad religiosa y la dignidad humana continúan siendo desafíos apremiantes, el Venerable padre Félix Varela sigue ofreciendo a la Iglesia un ejemplo elocuente. Enseñó a pensar, alentó a vivir en libertad y, sobre todo, condujo a las personas hacia Cristo mediante el fiel ejercicio de su ministerio sacerdotal.

Monseñor Manuel invita a los lectores a enviar sus comentarios y reflexiones: bishopofpalmbeach@diocesepb.org.

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