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Ministerio Hispano

1 de marzo de 2024

Que el gozo del Señor esté en nosotros

            Las liturgias de Cuaresma están llenas de referencias a la Cuaresma como un tiempo de alegría. Al principio puede parecer inusual pensar en la Cuaresma como un tiempo de alegría. Con su énfasis en la penitencia, la conversión y la reconciliación, podemos tender a considerar la Cuaresma de una manera más solemne. Sin embargo, todo lo que la Cuaresma representa es verdaderamente una oportunidad para la alegría y no sólo de manera análoga. Acercarnos a Dios al reconocer nuestra necesidad de Él es, de hecho, la experiencia más gozosa y feliz.

            Una ocasión que evoca la naturaleza alegre de la Cuaresma ocurre en su primer domingo, cuando los fieles se reúnen en catedrales de todo el mundo para presentar a sus obispos a los catecúmenos que serán iniciados en la Iglesia Católica y a los candidatos que serán recibidos en plena comunión con ella en la vigilia de pascua. La celebración se llama Rito de Elección y Llamado a la Conversión Continua. Los catecúmenos que recibirán los sacramentos del bautismo, la confirmación y la eucaristía son aceptados por el obispo, sus nombres se inscriben de manera formal y se les denomina “los elegidos”. Los candidatos que ya han sido bautizados en otra fe cristiana pero que se convertirán en miembros de la Iglesia Católica a través de su recepción de la Confirmación y la Eucaristía también son formalmente aceptados por el obispo

            Durante el primer fin de semana de Cuaresma, como siempre, celebré esta ocasión alegre dos veces en la Catedral San Ignacio en Palm Beach Gardens. Muchos catecúmenos y candidatos vinieron de diferentes partes de nuestra diócesis con padrinos, párrocos, directores de (RICA) y otros miembros de sus parroquias para estos felices eventos. Una vez más nos unimos en una acción que fue celebrada por toda la Iglesia y manifestamos la vida de la Iglesia aquí en el sur de Florida. Estoy profundamente agradecido a todos los que trabajaron con los candidatos y a todos los que hicieron tanto para preparar las ceremonias.

            Si pudiera usar una palabra para describir el sentimiento que estuvo presente a lo largo de estas celebraciones, sería alegría. Esto fue especialmente cierto en la primera de las celebraciones, que tuvo lugar una noche muy lluviosa. La lluvia no afectó la asistencia ni el espíritu de la ocasión. Los catecúmenos, los candidatos y todos los que vinieron con ellos estaban entusiasmados y felices. Aquellos que van a ser miembros de la Iglesia van por un buen camino y están alegres por ello. Han descubierto el tesoro de la fe dentro de la Iglesia y están emocionados con ello. Quienes los ayudan en su viaje saben lo que estos hombres y mujeres han encontrado y están felices de compartir su propia fe con ellos. Las sonrisas estuvieron presentes en todos en la catedral. Estas sonrisas reflejaban un profundo sentimiento de paz al saber que la fe en Dios es un tesoro que nada puede reemplazar.

            Al observar los rostros alegres de todos los presentes en estas recientes celebraciones, no pude evitar pensar en las palabras del Señor, “Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto” (Jn 15, 11). Aquellos que están a punto de ingresar a la Iglesia han descubierto que el mensaje del Señor realmente trae gozo y que es una buena noticia. Habiendo escuchado el mensaje y el llamado del Señor, están dispuestos a hacer un sacrificio para obtener un tesoro. Sus rostros sonrientes también me hicieron recordar las palabras del Señor, “El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo” (Mt 13, 44). Una vez más, el gozo de la fe vale la pena el sacrificio.

            Damos la bienvenida a quienes se convertirán en miembros de nuestra familia, la Iglesia, en la Vigilia Pascual de este año. Su entusiasmo, junto con el de quienes los ayudan, nos enseña una gran lección sobre el tesoro de nuestra fe entregada a nosotros a través de la Iglesia. La fe en Dios es un asunto gozoso. Dios no nos creó para ser infelices sino para compartir Su propia vida y alegría. A veces podemos perder de vista esto e incluso buscar la felicidad separados de Dios. Nada puede reemplazar el gozo que sólo la fe puede traer porque así es como Dios nos hizo. Muchas veces, nuestra aceptación de la vida de Dios significa una negación de nosotros mismos, y esta negación no siempre es fácil. Sin embargo, no podemos asociar esa negación como un fin en sí mismo sino sólo como un medio para una alegría mayor. Quizás sea esa falsa asociación la que lleva a algunas personas a ver la fe como un asunto sombrío en lugar de gozoso. El Señor nos asegura, “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mi y por la Buena Nueva, la salvará” (Mc 8,35).

Al reflexionar sobre nuestras celebraciones diocesanas del Rito de Elección y el Llamado a la Conversión Continua, agradezco a todos aquellos que trajeron su alegría a esas ceremonias. Nos recuerdan el tesoro que poseemos en nuestra fe. También nos recuerdan que la Cuaresma es un tiempo para que todos apreciemos mejor ese tesoro. De hecho, la Cuaresma es un tiempo alegre porque acercarnos a Dios al reconocer nuestra necesidad de Él es lo único que trae verdadera felicidad.

Reverendísimo Gerald M. Barbarito

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