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Los Mártires de Georgia: Cinco testigos de la fe con profundas raíces en Florida

Por Monseñ Manuel de Jesús Rodríguez, JCD

El 31 de octubre de 2026, la Iglesia católica en Estados Unidos vivirá un momento extraordinario en su historia: la beatificación de cinco misioneros franciscanos españoles que entregaron sus vidas por Cristo hace más de cuatro siglos. Conocidos como los Mártires de Georgia, los padres Pedro de Corpa, Blas Rodríguez, Miguel de Añón y Francisco de Veráscola, junto con el hermano Antonio de Badajoz, serán proclamados beatos durante una solemne celebración en Savannah, Georgia. El cardenal Frank Leo, arzobispo de Toronto, presidirá la ceremonia como representante del papa León XIV.

Este acontecimiento histórico, la primera beatificación celebrada en el sur de Estados Unidos, tiene un significado especial para los católicos de Florida. Aunque los misioneros murieron en el territorio que hoy conocemos como Georgia, en septiembre de 1597, sus vidas y labores apostólicas estuvieron estrechamente vinculadas a Florida, especialmente a San Agustín, centro espiritual y administrativo de las misiones españolas en el sureste del país.

En el siglo XVI, el territorio conocido como La Florida se extendía mucho más allá de las fronteras de nuestro estado actual. Tras la fundación de San Agustín en 1565, los misioneros franciscanos establecieron comunidades a lo largo de la costa atlántica, donde evangelizaron a los pueblos indígenas, aprendieron sus lenguas y fundaron algunas de las primeras misiones católicas en lo que un día llegaría a ser Estados Unidos.

El padre Pedro de Corpa, considerado el líder del grupo, llegó a la Florida española en 1587. Sirvió entre los indígenas guale en la misión de Nuestra Señora de Guadalupe, en Tolomato, cerca de la actual ciudad de Darien, Georgia. Recordado por su celo misionero y su fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia, fue asesinado el 14 de septiembre de 1597, después de oponerse a la intención de Juanillo, un líder guale bautizado, de tomar una segunda esposa. Su defensa del matrimonio cristiano se convirtió en el detonante de la persecución que también cobraría la vida de sus cuatro compañeros.

El padre Blas Rodríguez, natural de Cuacos, España, llegó a Florida en 1590. Destinado a la misión de Santa Clara de Tupiquí, se dedicó a la predicación, la catequesis y la atención pastoral del pueblo guale. A medida que la sublevación se extendía por las misiones franciscanas, fue asesinado el 16 de septiembre de 1597.

El padre Miguel de Añón, vinculado a Zaragoza, España, se encontraba entre los misioneros que habían llegado más recientemente. Después de recorrer Florida y ser llamado brevemente a La Habana, se unió al hermano Antonio de Badajoz en la misión de Santa Catalina de Guale, ubicada en la actual isla de St. Catherines. Advertidos del peligro que se aproximaba, ambos decidieron permanecer junto a su comunidad. Fueron asesinados el 17 de septiembre de 1597, después de haberse reunido en oración.

El hermano Antonio de Badajoz, originario de la región de Badajoz, España, llegó a Florida en 1587. A diferencia de sus compañeros, no era sacerdote, sino un hermano franciscano laico. Durante aproximadamente diez años entre los guale, llegó a dominar su lengua y sirvió como intérprete y catequista. Su vida nos recuerda que la santidad, la misión e incluso el martirio son llamados abiertos a todas las vocaciones dentro de la Iglesia.

El padre Francisco de Veráscola, nacido en 1564 en el País Vasco, España, se incorporó a la misión franciscana en Florida durante la década de 1590. Ejerció su ministerio en Santo Domingo de Asao, tradicionalmente asociado con la actual isla de St. Simons. Su vínculo con Florida fue especialmente directo: fue asesinado el 18 de septiembre de 1597, cuando regresaba en canoa desde San Agustín, adonde había viajado para atender asuntos de la misión.

La muerte de estos cinco franciscanos también debe comprenderse dentro de la compleja historia de la colonización española y sus encuentros con los pueblos indígenas de la región. Sin embargo, su testimonio personal revela un profundo compromiso misionero. Dejaron su patria, se adentraron en culturas desconocidas, aprendieron las lenguas indígenas y, finalmente, entregaron sus vidas antes que abandonar su fe y a las personas confiadas a su cuidado.

El 27 de enero de 2025, el papa Francisco reconoció formalmente su martirio in odium fidei, es decir, «por odio a la fe», abriendo así el camino hacia su beatificación. Providencialmente, esta celebración tiene lugar durante el 800.º aniversario de la muerte de san Francisco de Asís, cuyo espíritu evangélico inspiró su vocación misionera.

Para los católicos de Florida, los Mártires de Georgia no son figuras lejanas que pertenecen únicamente a la historia de otro estado. Son parte de nuestra propia herencia espiritual. Sus caminos misioneros comenzaron en la histórica La Florida, su labor estuvo vinculada a San Agustín y su sangre contribuyó a sentar las bases de la fe católica en el sureste de Estados Unidos.

Además, la beatificación de los Mártires de Georgia nos invita a comenzar a prepararnos para otro reconocimiento significativo del poderoso testimonio de los mártires en los orígenes del catolicismo en Florida y en Estados Unidos: el de los 58 pioneros que sacrificaron sus vidas en el nombre de nuestro Señor durante el siglo XVI, conocidos como los «Mártires de Florida». Les pido a todos que comiencen a orar por esta causa de reconocimiento del martirio y beatificación.

Con gran alegría, extiendo mis más sinceras felicitaciones a mi hermano en el episcopado, monseñor Stephen D. Parkes, así como al clero, a los religiosos y a todos los fieles de la Diócesis de Savannah por esta extraordinaria bendición. Durante generaciones, la Iglesia en Georgia ha mantenido viva la memoria de estos santos frailes y, gracias a décadas de oración, investigación histórica y perseverancia, su causa ha alcanzado ahora este gozoso acontecimiento. Nosotros, en Florida, nos alegramos con ustedes, unidos en gratitud por unos mártires que pertenecen a la historia de ambos territorios y a toda la Iglesia en Estados Unidos.

Mientras la Iglesia se prepara para honrar a estos cinco nuevos beatos, que su testimonio renueve nuestro compromiso con la evangelización, fortalezca nuestra fidelidad al Evangelio y nos recuerde que la historia del catolicismo en Florida es también una historia de valentía misionera, sacrificio y santidad.

Monseñor Manuel agradece los comentarios y reflexiones de sus lectores, quienes pueden escribirle a: bishopofpalmbeach@diocesepb.org.

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