Obispo de Palm Beach
Mensaje Del Obispo de Palm Beach
POR QUÉ LA DIÓCESIS DE PALM BEACH MANTIENE SU PÓLIZA DE VACUNACIÓN
Por Monseñor Manuel de Jesús Rodríguez
Pocas responsabilidades encomendadas a la Iglesia son más importantes que proteger la dignidad, la salud y el bienestar de aquellos que han sido confiados a nuestro cuidado pastoral. Esta responsabilidad es especialmente profunda cuando se trata de los niños, las familias y las comunidades educativas que les sirven.
Recientemente, nombré una comisión compuesta por miembros del clero, líderes educativos y profesionales de la medicina para llevar a cabo una revisión cuidadosa de la política de vacunación de la Diócesis de Palm Beach para nuestras escuelas católicas. Su mandato no consistía únicamente en examinar las consideraciones médicas, sino también en reflexionar sobre las dimensiones teológicas, pastorales, educativas y morales de esta cuestión. Su diálogo fue reflexivo, respetuoso y equilibrado.
La comisión reconoció una verdad importante: los católicos fieles pueden, después de una oración y reflexión sinceras, llegar a diferentes conclusiones prudenciales respecto a la vacunación. La Iglesia no enseña que recibir las vacunas actualmente disponibles sea moralmente obligatorio en todas las circunstancias. Al mismo tiempo, la Iglesia ha enseñado constantemente que estas vacunas son moralmente permisibles, incluso cuando algunas tienen conexiones históricas remotas con líneas celulares fetales. Por lo tanto, la cuestión que se presenta ante nuestra Diócesis no es fundamentalmente una cuestión de libertad religiosa, sino más bien una cuestión relacionada con el ejercicio y la formación de la conciencia.
La Iglesia siempre ha defendido la dignidad de la conciencia. Sin embargo, también ha enseñado constantemente que la conciencia no es simplemente una cuestión de preferencia personal u opinión sostenida sinceramente. La conciencia debe formarse adecuadamente mediante la oración, un razonamiento moral sólido, las enseñanzas de la Iglesia y una información factual confiable. El respeto a la conciencia y la formación de la conciencia son responsabilidades inseparables dentro de la vida cristiana.
Después de considerar cuidadosamente los argumentos presentados, la comisión concluyó que mantener la actual política de vacunación de la Diócesis sirve mejor al bien común de nuestras comunidades escolares católicas. Estoy de acuerdo con este juicio.
Nuestras escuelas son comunidades, no simplemente conjuntos de individuos. Más de 7,000 estudiantes y sus familias han elegido libremente una educación católica, entendiendo que cumplirían con las políticas que rigen nuestras escuelas. Entre esos estudiantes se encuentran niños médicamente vulnerables o inmunocomprometidos, cuyo bienestar depende, en parte, de las medidas de protección de la salud que mantiene la comunidad que los rodea. La Diócesis también tiene la responsabilidad moral de proteger a esos niños.
Algunos han preguntado por qué la Diócesis no ofrece simplemente exenciones basadas en objeciones de conciencia individuales. Esta es una pregunta comprensible. Sin embargo, toda
institución tiene tanto el derecho como la responsabilidad de establecer condiciones razonables para participar en su propia misión apostólica. Las familias eligen libremente si desean matricular a sus hijos en nuestras escuelas católicas y, al hacerlo, aceptan libremente las políticas establecidas para el beneficio de toda la comunidad escolar. Mantener estas expectativas proporciona coherencia, equidad y estabilidad para cada familia confiada a nuestro cuidado.
Esta política nunca debe interpretarse como una falta de preocupación pastoral por las familias que experimentan verdaderas dificultades de conciencia. Por el contrario, la comisión recomendó firmemente que la Diócesis continúe acompañando a estas familias con compasión y respeto. También sugirió que se podrían explorar modelos educativos alternativos, incluyendo alianzas para la educación en el hogar, programas híbridos u oportunidades de aprendizaje virtual para aquellas familias cuya conciencia les impida cumplir con la política vigente. Este acompañamiento pastoral merece una cuidadosa consideración.
Como obispo, sigo profundamente comprometido tanto con la protección de la dignidad de la conciencia como con la promoción del bien común de cada niño confiado a nuestras escuelas católicas. Estas responsabilidades no se oponen entre sí. Más bien, nos llaman a ejercer la prudencia, la caridad y un juicio sensato al servicio del Evangelio.
Por estas razones, después de una cuidadosa consulta y una reflexión acompañada de oración, he determinado que la Diócesis de Palm Beach mantendrá su actual política de vacunación. Al mismo tiempo, seguimos comprometidos a acompañar a cada familia con respeto, escuchar sus inquietudes, ayudarles en la adecuada formación de la conciencia y buscar soluciones pastorales que reflejen tanto la verdad como la caridad de Cristo. También afirmamos firmemente nuestro derecho constitucional, protegido por la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, a gobernar nuestras escuelas católicas de acuerdo con nuestra misión religiosa. Por consiguiente, continuaremos aplicando políticas que protejan la salud, el bienestar y el bien común de nuestras comunidades escolares.
Nuestras escuelas católicas existen para formar a los jóvenes no solo en la excelencia académica, sino también en la fe, la virtud y el amor al prójimo. Toda política que adoptemos debe, en última instancia, servir a esa sagrada misión.
Monseñor Manuel invita a los lectores a enviar sus comentarios y reflexiones: bishopofpalmbeach@diocesepb.org.
